De nuevo.
Siempre he dibujado y, a la vez, no lo he hecho nunca. No he tenido, como alguna gente, una constancia que hiciera que pudiese decir "yo dibujo" pero si podía decir "me gusta dibujar" o, en todo caso, "yo dibujaba".
El sábado fui con una amiga a una cafetería que hacia tiempo que le tenía ganas, es la Galería Cosmo, y a parte de un ChaiLatte buenísimo, tienen unas cartas preciosas forradas con telas floreadas de colores -muy yo y muy mi carpeta nueva- y cada silla y sus mesas son diferentes a las demás. Es de esas cafeterías con encanto a las que una vez entras ya no puedes dejar de ir. Y allí tuve, entre muchas otras, a cada cual más extraña, esta misma conversación -sobre mi no-inspiración- con mi amiga. Cuando salimos me dijo, el lunes vuelve y dibuja al hombre de calcetín, por ejemplo. El hombre del calcetín es una de esas conversaciones/historias que no viene a cuento y no tiene nada que ver con esto, pero, que sirve, como cualquier otra cosa, para tener algo que dibujar. Y ahí he estado yo esta tarde. Con mi ChaiLatte, mi carpeta nueva para guardar dibujos con un estampado en relieve de florecillas de lo más retro y mi hombre virtual, dentro de un calcetín.
Olvidándome de todo lo demás.
Y cuando me he dado cuenta, llevaba más de una hora dibujando, inmersa en mis no-pensamientos, siguiendo la punta de un lápiz.
Eran las siete y media, hora perfecta para llegar con tiempo a mi primera clase del taller de clown. Sí, esa que va a convertir, sistemáticamente, a partir de hoy todos los lunes en un NO"NastyMonday" :)
