Yo creo que sí. Pero ya no sé qué pensar.
Las circunstancias no son siempre favorables para ir en busca de la chispa de la vida. Simplemente, a veces, no hay tiempo. Pero es justo en esos momentos cuando si tú no la buscas, ella viene y te encuentra. Que ya lo dicen, "si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma".
Empezaré con algún que otro dato histórico para ponernos en situación. Hace aproximadamente un año, tuvimos que sacrificar a nuestro perro, Babau, un gos d'atura un tanto problemático. Nos costó bastante reponernos, pero todo fue más fácil con la Border Collie que llegó al poco tiempo.
Durante los descansos estudiantiles (esos que siempre parecen pocos pero siempre son demasiados...) siempre pasa gente paseando a sus perros, pero hoy uno se ha parado. Ha decidido que quería jugar conmigo y no han sido pocos los intentos de su dueña para conseguir que se separase de mí, sin éxito, quería estar conmigo, sentarse a mi lado y mirarme. En uno de esos intentos, el perro desesperado, ha trepado por encima mío hasta llegar a mi oreja, para chupármela y mordisqueármela, exactamente igual que hacía Babau.
- Vámonos Babau, deja a estas chicas.-
- ¿Cómoooo?- Supongo que os podéis imaginar mi cara de perplejidad. Ojiplática.
Le he contado la historia e, investigando un poco más, he adivinado que el perro, Babau (el suyo) había nacido justo hace un año, más o menos por la misma fecha en la que moría Babau (el nuestro). Las casualidades se sucedían una tras otra cuando la mujer me ha dicho que conocía a una mujer del pueblo de al lado del mío (¡¡¡¡!!!!) que también tenía un perro llamado así.
A base de tirones, la mujer ha conseguido despegar al perro de mi lado. Nos hemos despedido y justo cuando un par de lágrimas, mezcla de emoción y recuerdo, recorrían mi cara, ella ha vuelto.
- ¿Te llamas Gracia?-
- No, esa es mi madre, ¿la conoces?- (a mí aquí ya me iba a dar algo...)
La conoció la semana pasada cuando fueron a visitar los apartamentos donde pasarán estas vacaciones.
-Ella también se emocionó cuando supo que se llamaba Babau, si alguna vez necesitas algo por Barcelona, pídele mi teléfono-
Lo que mi madre no sabía hace una semana es que ese mismo perro por el que ella se emocionó, llamado Babau, nacido cuando moría el otro, me encontraría por la calle, de la grandísima Barcelona, se pararía y me lamería las orejas igual que lo hacia Babau, el nuestro. Y que yo me emocionaría también.
Siempre hay algo con lo que alegrar un "Happy Wednesday" :D
Y ahora, ¿creéis en las casualidades?
