De volver, por segunda vez.
Aterrizando en 3,2,1 y ¡bum! Te quitan 15ºC de golpe. Una camiseta térmica intentando recordarte que tienes alma mediterránea y no estas hecha para esos climas, guantes, gorro, bufanda ¡¡qué es abril!!, cámara de fotos y ya estás preparada para darle a esos pies que gritarán clemencia en breve.
Pero, es verdad, no defrauda el estilo nórdico, que te repiten en las revistas hasta la saciedad y yo aún tenía por ver, con sus ventanas de madera, sus casas altas y estrechas y esos tejados encantadores. Torres de iglesias y palacios hasta decir basta. Las farolas colgando, que a mí me tienen enamorada y con cuyas fotos podría llenar un álbum entero. Los árboles con sus yemas luchando por abrir en medio de ésta primavera nevada. El clima cuatripolar en cuestión de segundos, que me ha sorprendido incluso más que el irlandés. Y sus copos de nieve perfectamente estrellados.
Con una nueva bandera que coserle a la mochila y un país menos de mi wishlist "Visitar todos los países del mundo", me vuelvo con un nuevo reto: dibujar un trocito de cada país :)
Y ya con los pies en la tierra, diré que los paréntesis mentales de la vida cotidiana sientan extremadamente bien mientras vuelas, aunque el aterrizaje suela ser un tanto estruendoso.
Hoy, aun temiendo el inicio de enfangarme de nuevo en la rutina, celebro haber acabado, por fin y para siempre, las prácticas de la carrera. La ducha de alegría al quitarme la bata no ha tenido precio :D



