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jueves, 8 de marzo de 2012

No permitirlo





No permitir que decaiga.


Los ánimos empiezan a flaquear. Al principio te haces una coraza, muy fuerte, muy gruesa, con todo lo que pillas que se pueda reciclar: fotos antiguas, su cepillo de dientes, sus regalos (pocos), su ropa, montañas de pañuelos usados de lágrimas pasadas (motivos por los que no vas a sufrir más, por suerte, aunque ahora tengas otros) haces una especie de "compost" y te moldeas una armadura, perfecta, hecha a tu medida, incluso te queda bien... ¡¡si estás buenísima!! Sales a la calle, con tu cabeza bien alta, tu colorete recién puesto, tu sujetapenas no te deja respirar y como no respiras, no piensas y todo va perfecto. La gente siente tu fuerza. Sientes que ellos la perciben y aún te vienes más arriba. Tus amigos te rodean y no dejan que ningún monstruo se te acerque. Los dragones están lejos y los fantasmas más (algunos sí se acercan, pero eso también te sube la moral).


Pero, tus amigos tienen sus propios animales fantásticos acechándolos, los días pasan y poco a poco, el caparazón pesa. Podría haberlo hecho sólo de papel y así duraría más con él puesto, pero no habría cumplido su primer propósito. Y te lo quitas a ratos. Y... ¿a alguien le ha pasado que su propia coraza se le ponga tonta y le pegue? La única forma de tenerla de mi lado es llevarla puesta... la muy p*** me ha salido rencorosa, como yo (ya lo dicen "tarde o temprano, toda coraza se parece a su amo")
Así que te la quitas un ratito, te pega, intenta hundirte y la única solución es volvértela a poner.


Hoy me la he puesto para redecorar mi habitación. O redecorar mi habitación ha sido mi envoltura. O no ha sido redecorar, sino decorar. O completar, en todo caso. Llevo más de 6 meses aquí y aún tenía las cortinas sin poner. Y, amigos de lo retro, mi espejo de trocitos. Es vintage literal, era de mi madre cuando era joven (sí mamá, aún eres joven, no te preocupes) y me lo regaló porque estaba roto y lo iba a tirar. Podría ser un síntoma de diógenes o  podría reconocer que combinado con los espejitos de "jalata" de marruecos quedan perfectos. Los tenía en mi habitación antigua y hacía tiempo que quería volverlos a poner.
Y justo después, he decidido que quería un cabecero y que tenía que ser un elefante. Y me he traído el Ganesh más bonito de la tienda Nepalí que hay cerca de mi casa. 

Y una cajita, roja, con flores chinas, para guardar pendientes, que siempre los tengo por ahí sueltos.






Una armadura y mantenerme ocupada. La forma más factible de no tener que recoger mi estado de ánimo de un suelo encharcado. Para venirse arriba: pequeñas cosas, un Ganesh (algunas pequecosas son un tanto caras...), un espejo donde ver lo bien que me queda mi coraza - y que me recuerda que las cosas rotas pueden seguir luciendo-  o una habitación más completa, con más personalidad, más yo. Todo vale. En el desamor y en la guerra... (los refranes están para cambiarlos al gusto). 






Y puestos a cambiar refranes: A amor mal correspondido...patada en los cojones :D