¿He dicho ya alguna vez que soy bastante negada para los postres? Pues empiezo a creer que era una ilusión óptica.
A falta de la altamente reconocida repostera oficial (que está aquí) y con una cena teatrera de Chachi Tuesday por delante (el verano ha hecho que quedasen atrás los esperadísimos Happy Wednesday, para pasar a ser los Lovely whenever), alguien tenía que encargarse del postre. Esto es así, no hay cena que se precie si no tiene un postre que le haya traído a alguien su pequeño quebradero de cabeza (menos para la repostera oficial, para quien todo es siempre muy sencillo y de pocos pasos). Y esta vez, sin que nadie me lo pidiese y sin que sirva de precedente, el
Hace unos días vi (aquí) una receta facilísima (que sí, que sí) perfecta para el verano, por fresquita. En cuanto vi esos gajos de gelatina me dije -Patri, esa la haces tú para la próxima cena- Y lo prometido a uno mismo, también es deuda.
He de decir que hasta el último momento- porque no es una receta que puedas improvisar, que la gelatina tarda sus buenas 24h en coger fuerza- he tenido miedo de tener que ir a comprar una tarta al whisky al badulake de la esquina, por comprometerme a llevar postre sin mi título de repostera oficial.
Pero no. ¡¡Han salido!! ¡¡Han salido!! Me tendríais que haber visto histérica por casa al ver que no tenía cáscaras de naranja por un lado y gelatina fofa por otro. Bueno, no, mucho mejor que nadie me haya visto, perdería toda mi futura credibilidad.
Son muy entretenidas de hacer, porque te pegajoseas toda; la gente te hace mucha fiesta cuando las sirves , porque no se lo esperan y muy divertidas de comer, porque hay que hundir la cara en el pringue como un peque. Y, además, son casi chuches :D
Chuches para el Chachi Tuesday (esto Rajoy no lo sabe decir).









