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lunes, 24 de septiembre de 2012

Volver



Con el Karma marchito nanana nanana nanana nanaaaaá

¡Bienvenida de vacaciones!

Y como buena recién llegada, toma tu puesto, al final de la cola. Al final de la cola de la influencia positiva de los astros. 


No creo en el horóscopo. Sólo a veces. Sólo cuando coincide con mi situación actual y puedo tener algo a lo que echarle la culpa. Y tauro está esta semana al final de la lista, me lo ha dicho mamá. Ahí estoy yo a la vuelta de mis geniales vacaciones.

Hablar de lo positivos, inmejorables, agradecidos, reconfortantes que han sido mis 10 días de viaje couchsurfer de interrail por Benelux, sería redundante. La palabra vacaciones lleva intrínseca todos y cada uno de esos adjetivos y miles más en los que podría seguir pensando hasta aburrir, relajantes y explosivas a partes iguales, divertidas, desestresantes, aventureras, enriquecedoras y voy a parar.

Hablar de lo negativo y de la supuesta depresión postvacacional está ya más que sobado. Sabe a chicle usado. Y más, en septiembre, cuando yo llego y la mayoría de los mortales hace un mes ya que están recuperados de este pseudomal. Además yo no hablo de cosas negativas.

Pero hoy sí. Hoy vengo a enfrentarme a un karma totalmente inmerecido. ¿Por qué? Me he portado bien. Sólo he llorado un par o tres de veces desde que me quedé sola y sin vacaciones al irse P. Creédme, eso está bien. Eso está MUY BIEN. Hoy vengo a decirle que, Ud, Sr. malKarma ha caído sobre la persona equivocada.

¿Por qué? ¿Por qué me merezco una piedra en un riñón? ¿Por qué me merezco que mi armario de la cocina esté infestado de polillas y sus correspondientes gusanos? ¿Por qué me merezco perder mi tarde para hacer un pésimo simulacro MIR? 

¿Hay algo peor que un domingo sin planes? Sí. Un Nasty Monday festivo sin planes. Sin planes, con piedras, gusanos y bofetón de realismo estudiantil.

Eso sí. Mañana habré adelantado un puesto. Me niego a quedarme toda la semana en último lugar. Así que prepárate pringado...qué se yo... ¡Sagitario! Porque mañana el cólico nefrítico te toca a ti ;)


domingo, 8 de julio de 2012

Oh! Wait...





¡¡Pero si yo tenía un blog!!


Cual calcetín favorito que encuentras el día de limpieza general detrás de la cama, camuflado por las marañas de polvo, abandonado, sucio, solitario, de color pardo, pidiendo a gritos un rescate... tras unos días de reorganización mental, visualización y asentamiento, levanto el historial de internet y allí está, descolorido, mi blog.


Ése que tanto me ayudó cuando los ánimos flaqueaban y que poco a poco se fue convirtiendo en necesidad. El mismo que cuando el tiempo falta y las obligaciones aprietan queda relegado en un rincón.


Tras hacerme a la idea de que mi vida como universitaria se ha acabado, un par de viajes -alguno más fugaz y con más lluvia, o no, que otro- y mis ya dos primeras semanas como estudiante de MIR, me propongo a compartir con la misma frecuencia -o casi- que antes todas aquellas cosas que me mantienen viva -y que os permito copiar si lo creéis oportuno-, porque ahora, más que nunca, necesito aprovechar mis únicas dos horas diarias libres fuera de la biblioteca para poder mantener mi preciada salud mental.


Y para empezar, una promesa de saliva (de las que se rompen fácil, no vaya a ser que mañana cambie de opinión) y algo que hacía tiempo tenía ganas de hacer: un historial de viajes. Para viajar conmigo a mis últimos destinos, un click en la brújula de la izquierda. Para no viajar, no hacerlo -yo es que soy muy práctica-.


Por fin, volviendo a dar guerra :)



PD.: Brújula de viajes aún under construction.




viernes, 23 de diciembre de 2011

Forzar la suerte







Porque a veces... ¡o la pones entre la espada y la pared o se niega a dejarse ver!


Llevo unos días que parece que me ha mirado un tuerto. 

El miércoles, por circunstancias de la vida (nunca mejor dicho...) no hubo teatro, iba a ser la última jornada teatral del 2011, pero acabamos "celebrando" que cuando ya no puedes disfrutar la vida, es mejor dejarla marchar... La que iba a ser nuestra "última cena" cena caníbal (no comemos placentas como los cienciólogos, pero comemos sushi hasta que nos sale por las orejas...), acabó siendo la "última cena" de sólo seis...
Ayer, me levanté un poco pachucha  e intentando evitar que siguiese la mala racha, me dije: Patri, píntate bien esos ojazos que tienes (no, no me hace falta abuela... Abuela no te enfades), sal a la calle y ¡cómete el mundo! De paso, pensaba aprovechar, ensordecer con el ruido de la tarjeta y volver a casa cargada de regalos. Pero, resulta que el tuerto me seguía mirando de reojo, ¡el muy c...! y "el regalo" que buscaba parece estar agotado en TODA España, pero... ¡¡qué os pasa!?, ¿me leéis la mente?, ¿tan poco original soy?, ¿tan al día estoy?

Más tarde habíamos quedado para disfrutar de un poco de teatro gratuito, pero como somos españoles y estamos genéticamente modificados para llegar tarde... lo hicimos, llegamos tarde, ¡dos minutos! y nos cerraron la puerta... ¿será actor el tuerto? En fin... decidimos pasar una buena tarde en compañía, ir de tiendas juntos, merendar y hacer tiempo hasta el siguiente pase de teatro... al que no pensábamos faltar, todos, excepto Mónica... que acabó sola en el cine. La obra resultó ser el mayor tostón que nos podíamos haber tirado a al cara (espero que nadie de la "Mostra de teatre d'hivern de la UB" lea esto...). Y me fui a casa, con mi bronquitis, mis escalofríos y todo mi malestar. ¿Podía haber ido peor?
Esta mañana, me desperté sin despertador, (¡bien!), me hice la maleta y salí volando para volver a casa, por Navidad, como El Almendro, cogí un taxi, porque llegaba tarde... y tras 10 minutos de cola... la chica de delante mío ¡se llevó el último billete de autobús! 



Y ahí ya me planté. Cogí a la suerte por los cuernos y le dije... ¡vete a joderle la vida a otro! Así que me me dirigí al conductor y, cual perro abandonado, le pedí que me dejase subir si había faltado alguien... y ahí estaba yo, en el autobús en el que no había plazas. ¡Triunfadora! :)


Así que todo esto me ha hecho pensar. ¿Qué es lo que pudo ser y no fue? Cuando por decisiones del azar (espero, porque como de verdad haya un tuerto... ¡juro que me lo cargo!), se te van cambiando todos tus planes... ¿habría sido mejor lo que esperabas que pasase que lo que al final pasó? Es lo que en economía llaman el "coste de oportunidad". ¿Habría encontrado el regalo que al final encontré si hubiese encontrado el primero? ¿Habríamos tenido esas conversaciones tan interesantes si en vez de cenar seis hubiésemos sido veinte? ¿ Habría sido la primera obra igual de tostón y encima no habría disfrutado de una tarde de paseo en compañía? ¿Lo pasaría mejor Mónica viendo "The artist"?


Nunca lo sabremos, así que me quedo con MI SUERTE y feliz por haber llegado a tiempo a casa :)

lunes, 12 de diciembre de 2011

Happy puenting




Con su correspondiente "Happy wednesday" y "Nasty Monday". Si es que nunca falla.

Ya estoy de vuelta de mis minivacaciones amorosas-estudiantiles en Santiago. ¿¿Qué nos has traído?? ¿¿qué nos has traído?? Un buen dolor de muelas, ¿qué os parece? Pero esa es la única parte mala, bueno, esa y volver. Pero no me puedo quedar allí eternamente, si no...perdería la emoción.

Así que ahora, pero sólo durante los próximos 17 días, toca vivir del recuerdo. Y ese recuerdo es: ¡una sonrisa de oreja a oreja!





Entre mi último "Happy Wednesday" y hoy, este "Nasty Monday", he visto como en una hora y poco de avión, pasaba de un sol espléndido a meterme debajo de la borrasca que cada día dicen en las noticias que "entra por Galicia", así, para ambientar la situación; he tomado "Chai Tea" con leche cada mañana, he conocido la biblioteca de Derecho, con su fuente, sus niñas pijas y sus adolescentes empapados en hormonas; he comido cocodrilo y tigres; he visto a un castañero asar castañas dentro de un tren; he visto magia y he tirado todas las cartas por el suelo; me he reído, mucho; he castigado a viejas, sí Pablo, viejas, con la mirada hasta que se les ha caído al cara de vergüenza, por mirarme la cabeza como si llevase orejas de conejo, de conejo loco y calvo; he comido empanada, hamburguesa, comida china, patatas fritas, aros de cebolla, pastelitos y donuts hasta que me han salido por las orejas, sí, las de conejo calvo y loco; he dado grititos de horror irremediables durante los primeros 10 minutos de patinaje sobre hielo al lado de la catedral más bonita del mundo, me he muerto de la risa durante los 30 siguientes, sobre todo al caerme por culpa de un "ayayayay, que te caes" y he sido capaz de silbar y cantar relajadamente los últimos 10; he intentado una vez más, sin éxito, salvar el mundo con conversaciones hasta las tantas; he intentado, también una vez más y también sin éxito, comprender conceptos incomprensibles de economía; me he pasado 20 minutos disfrutando delante de un expositor de Moleskine, con lo que me gustan, para comprársela a otra persona; he hecho un Belén con muñequitos de los paquetes de galletas; he recibido todos los cariñitos que me faltan cada día, de golpe, todos juntos, hasta llenar el cupo; me he tomado el mejor GinTonic del mundo, en el Tupperware, del que tanto había oído hablar; me he duchado en una ducha más grande de 0'5 metros cuadrados; he sido humillada por la Wii fit al preguntarme si "me suelo tropezar mucho por la calle"; me he puesto gorro y guantes por primera vez este "invierno"; me he reído, más; he sufrido un ataque de cosquillas interminable con su consecuente final en forma de ataque de asma; he disfrutado de las "historias de aeropuerto" , que tanto me gustan, de los demás a la ida y he creado una yo misma: mochilera "boja en Santiago", solitaria, con el rimmel llegándole a la altura de las rodillas, adivina de qué va su vida, a la vuelta...

Y al llegar, Barcelona me esperaba con una puesta de sol que, vista desde el avión, teñía el horizonte de un naranja profundo precioso, mientras todas las luces, más que de costumbre, que ya casi es Navidad, salpicaban la ciudad y delineaban la costa. Como pequeñas gotitas de oro centelleantes. Para darme la bienvenida y recordarme que: ¡ahora toca disfrutar del espíritu navideño! de las luces, los arboles, los dibujitos de nieve en los cristales, la gente feliz por la calle y ¡todo eso que tanto me gusta! Y que cuando, por fin, la Navidad de verdad esté aquí, me vuelvo a juntar con Pablo y toda esta historia ¡vuelve a empezar! :)


Y para acabar, una confesión: Señora de los villancicos... ¡¡Éramos nosotros los que cada día le dábamos la vuelta al muñeco de nieve del espejo del ascensor!!

domingo, 30 de octubre de 2011

Volver





A casa. Por navidad todos los santos.

Y aquí estoy, "de puente". Tirada en el que siempre ha sido mi sofá, el que tiene la forma de mi culo (todo un proceso de adaptación, que mi culo ha ido creciendo con los años...), preguntándome si es "volver a mi casa" o "volver a casa de mis padres" y es que... ¡ya llevo un cuarto de mi vida viviendo fuera! Pero lo que sí tengo claro es que es "volver", volver donde siempre. Unas veces mejor y otras peor, pero donde siempre.
Resulta que con los años de "independencia dependiente" (sí, dependiente del dinerito de papá y mamá, sobretodo) empiezas a tener tus propias costumbres, tus propios horarios, tus propias manías (o no tan propias... aprovecho para decirte, mamá, que mis compañeros de piso te odian porque por tu culpa, o gracias a ti, tienen que ordenar los cubiertos en el lavavajillas...) y cuando vuelves a "tu" casa, tienes que volver a adaptarte a aquellas costumbres que te parecían tan lógicas años atrás. Tienes que volver a hacer tus oídos al ¡no andes descalza! y al ¡no te acuestes tarde!. Vuelves a hacer tu estómago a comer a horas decentes, comer postre y cenar todos los días... esas cosas normales, que con veintitrés años dejas de hacer, así, porque sí.
Pero lo que sí me he dado cuenta es de que vuelves al "refugio". Vienes cuando puedes o cuando "estás de bajón" porque aquí te cuidan. Papá me cuida. Mamá me cuida. Mis amigas me cuidan. Y aparece una nueva rutina. La rutina de "las cosas que hay que hacer cuando Patri viene a casa". Y esas cosas...¡son siempre buenas!
  • Salir a hacer estragos en la tarjeta de mamá (normalmente lo llamamos "ir de compras", que queda menos consumista). Jugar a "controlarse" pero hacerlo poco. Pelearnos porque siempre nos gusta lo mismo. Comprar cremitas que no me compro cuando estoy sola (porque prefiero seguir comiendo a final de mes...). Mirar zapatos que no nos vamos a comprar...
                                     

  • Reunirme con mis amigas en la misma cafetería de siempre (o en la otra, también la otra de siempre) porque a mí me gusta. Contarnos todo lo que ha pasado en el último mes, a veces en los últimos dos meses, a veces incluso en los últimos seis meses. Contarnos lo que va a pasar en el próximo mes, hasta que nos volvamos a ver. Prometernos que seguiremos en contacto por fb. No hacerlo.

                                       

  • Ponernos hasta arriba de donuts mientras vemos telebasura. Parar cuando nos salen por las orejas.
  • Despertarte con un beso de mamá, un beso de papá y un lametazo en el ojo de la perra. Que te digan ¡levántate! ¡levántate, que es tarde!. Mirar el reloj y que sean las 10:45h...
  • Comprar revistas insulsas de moda y maquillaje. Leerlas tiradas en el césped al sol. Reconocer que nos gustan, aunque sea una vez cada seis meses. Poner de excusa que somos mujeres.

  • Hacer actividades en familia. O lo que es lo mismo, pasarnos horas y horas cada uno delante de su ordenador.

  • Y de vez en cuando...si a mí me da...(recordad que esto se trata de cuidarme...) ¡meternos juntas en la cocina! Hoy, dadas las fechas, hemos hecho panellets y han quedado perfectos :)

Fin de semana feliz porque esta vez, por suerte o por desgracia, no se me acaba mi estancia en "hotel casa-refugio" hasta el martes, así que ¡a seguir disfrutando! Que "aquí no hay monstruos ni cosas raras..."




¿Qué planes hay para este puente? ¿Que haréis el día uno?