jueves, 27 de junio de 2013

Errar



Que, según dicen, es humano.

Desconfiar demasiado, confiar en quien no debía. Hablar de más. Dar consejos que no me aplico. Comprar unas cuerdas de guitarra. Dejar el yoga. Creer en el "para siempre". Soñar. Tener sólo dos ojos. Usar calcetines blancos. Memorizar sin saber lo que digo. Tener prisa. Conformarme. Ser demasiado exigente. Ver la paja en el ojo ajeno. Usar paraguas. Llevar zapatos. Quererme poco. Quererte poco. Quererte demasiado. Tener pocas plantas. Llorar. Escribir en un tren. Hablar con desconocidos. Hablar con conocidos. Enamorarme de la risa. Leer poco. Tener un bloc de dibujo en blanco. Comprar precocinados. No apreciar esos dientes torcidos. Desafinar. Temer la soledad. No conocer a Chékhov. Echarte de menos, y a ti, y a veces también a ti. Tomar decisiones apresuradas. Confundir las opciones. Tener los pies en la tierra. Pensar de más. Callar. Comprar ropa que no me pongo. Aquella cerveza de más. No comer pescado. Temer lo escogido. Ansiar lo rechazado. Entender tarde una frase de teatro. Entender tarde una mirada de más. Seguir al rebaño. Creerme libre. No ponerme crema para el sol. Escribir poco. Esperar algo de alguien. Empatizar en exceso. Morderme las uñas.

Llenar un folio de errores en vez de aciertos. 


[Vuelvo, para desenpolvar 5 horas de reflexiones sobre un tren de Amritsar a Jaipur que llevan días de nuevo en mi cabeza. Ningún sitio es malo para escribir. Ningún tren es demasiado malo para no pensar.] 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Reflexionar

Tenemos un aire ¿no?



Reflexiones indias, vol.I: Sobre Israel, españoles y hombres.


Desde mi vuelta, gasto mi tiempo libre - 24h al día aprox.- en cualquier cosa, independientemente de su relevancia. Cocinar, pensar en mi futuro, pintarme las uñas, descubrir el mundo infinito de una herboristería, llamar a parientes lejanos, pensar en mi futuro, teatro, comprobar billetes de avión, imaginarme en cualquier otra ciudad, pensar en mi futuro, estudiar las estadísticas del público del blog y ¡oh, wait! una visita israelí.

Una visita israelí no me habría sorprendido lo más mínimo de no ser porque en India nos han preguntado día tras día si eramos israelíes. Con esto pongo mi incultura al descubierto, pero jamás me lo había planteado antes. Reconozco que siempre había culpado a mi padre de nuestra nariz judía, pero no había ido más allá. 
Pero ahora tengo tiempo para investigar y pensar, sobre mi futuro y sobre los israelíes, que tienen afinidad con los hindús porque comparten con ellos ese "odio" contra lo musulmán (esto no me lo invento yo, se lo inventa el que escribió en la Wiki) y por eso se les debe ver mucho por India. Por aquí no se les ve tanto y me refiero exactamente a "no se les ve tanto", porque pasan totalmente desapercibidos.

Para los incultos como yo os diré que: es difícil comprobar mediante Google si nos parecemos a ellos o no. Es triste pero todas las imágenes que aparecen son de guerra, apartheid o palestinos, no vemos tetas, a pesar de ser la gran característica de las imágenes de Google. La cosa cambia si buscas "mujer israelí", entonces aparece Natalie Portman y entonces dices "ah, sí, lógico, nos parecemos muchísimo", porque a cualquier mujer que le digas que se parece a ella le dibujarás una sonrisa en la cara y dejará de investigar cualquier cosa que esté haciendo. Aquí ya aparecen tetas. 

La similitud es tal que yo misma le hablé con mi mejor español a una israelí y es que, resulta, que "...según un estudio de American Journal of Human Genetics, un 20% de la población española actual tiene características genéticas propias de los judíos sefarditas". Van a tener razón los indios.

Como conclusión os diré que los israelíes "male" son como estar en casa pero con ojazos de mirada profunda. Ya en un próximo capítulo, y para las que os gusten las grades barbas, os hablaré sobre los hombres sijs de Punjab (del turbante nos encargaríamos más tarde).



lunes, 25 de marzo de 2013

Contrastar



Suena Beirut en el baño de casa de mis padres. Las burbujas de mi bañera de espuma me hacen cosquillitas en los pies. El único ruido extra, los ladridos de mi perra la loca, agradables, y los anuncios del spoti, desagradables donde los haya. No más claxon, no más "Madam come, Madam look", no autobús, no mugidos de vaca, no más música india estridente, no "Hello, rupies?".
Tengo frio en los hombros y en la rodilla derecha, las partes que me quedan fuera del agua. El agua no está muy caliente, ya he pasado calor suficiente. Necesitaré algunas horas de remojo para devolver el color blanco a mis pies, mi color natural, aunque lo tuviese olvidado. Y sí, daos cuenta, somos blancos.

Escribo por segunda vez en mes y medio, también lo tenia olvidado. El resultado de mi primer escrito, en el reverso de un billete de tren de Ajmer a Udaipur, puede que salga a la luz en unos días.

Se me ha mojado la punta del papel, en lugar de la palabra "remojo" ahora hay una mancha azul que se difumina poco a poco.

Relax.

Ésta es mi vuelta a mi realidad, después de 40 días envuelta en contrastes ahora me dedico a buscar lo que allí no tenía. Pero no nos engañemos, ya lo añoro. A ellos el "chai" les sale mejor y yo no tengo leche de cabra recién ordeñada. Desayuno caracolas danesas, pero nadie me quita mi té y mi fruta con yogur. A cambio, enciendo incienso y me autotransporto durante unos segundos, pero aquí no suenan campanas. Aquí suena James Blunt en el coche de mi madre, clara diferencia al silencio del desierto que suena en el camello.

El agua empieza a estar demasiado fría, como si fuese un hotel barato.

Es mi perra la que teme que la acaricie por si le pego mis pulgas. Redescubro que debajo de usas uñas negras están mis dedos, bienvenidos de vuelta, os he echado de menos. De repente, temo que al lavarme las manos pierda toda la energía que he intentado captar al tocar todos esos edificios que llevan cientos y miles de años mirando impasivos la llegada tanto de fieles como de simples curiosos. Confío en que la energía esté impregnada en mis huesos, para siempre.

Quito el tapón y renuevo un poco el agua. Ahora, está demasiado caliente, como si fuese un hotel barato.

Combino mi antigua ropa occidental (o western, según desde donde la mires) con algo de nueva temporada y ese collar que tanto me costó regatear. Salgo a la calle ¿dónde están las miradas curiosas? Patri, aquí eres normal. Lo más anormal es que estés morenas a estas alturas del año y el mehndi de tu mano derecha.

Y aquí estoy, de nuevo. Ya no tengo que luchar por cruzar las calles y la fruta tiene un precio fijo. El taxista no me tima y mi estómago está en su sitio, que nunca hay mal que por bien no venga.

He cumplido un sueño y ahora tengo mucho tiempo por delante para empezar de nuevo a soñar :)


PD1.: Para los cotillas, algunas fotos de India, en la "Brújula de viajes".
PD2.: Para los tiquismiquis, ya sé que en el link pone "Copenhaguen", he vuelto a mis peleas con blogger :(

domingo, 10 de febrero de 2013

Next stop: Mumbai

"Sonrisas de Bombay" se queda esperándome para la vuelta :)



Ha llegado.

Después de un EEE (ya conocido de años anteriores como "Este Eterno Enero") insuperable y ya con 2 fiestas a la espalda, una resaca y media, con más horas dormidas que los últimos 7 meses, tés, cervezas, vinos, comidas del mundo, "Happy Wednesdays" más happys que nunca, ¡¡Ha llegado!!

En menos de 8 horas estaré cogiendo un avión hacia Zurich. ¿¿Zurich?? Vaya mierda de noticia Patri, llevas meses sin escribir y escribes porque te vas a Zurich... sí. Para hacer la escala que me llevará a ¡¡Bombay!!


15 años, una carrera y un MIR para tener una "excusa" par cumplir uno de mis sueños más pregonados.

Es posible que escriba desde allí. Pero me conocéis, también es posible que no lo haga. Así que, como muy tarde, nos vemos en 40 días :)

Sed buenos y disfrutad de las pequeñas cosas que os da la vida. Yo, esta vez, me voy a disfrutar una grande ;)


jueves, 6 de diciembre de 2012

Chocolatear



Acabo de leer aquí que hoy es San Nicolás. Y de repente ¡¡ay, qué morriña!!

En mi cole se celebraba San Nicolás. Era de las pocas fiestas que se celebraban.
Todo el cole hacía cola delante de una olla gigantesca de chocolate caliente que, creo yo, era como el bolso de Mary Poppins, porque no recuerdo que la rellenasen. Un vaso de plástico trasparente en una mano y una fogasa (los de Valencia reconocerán la palabra y para los demás es...como un suizo) en la otra. ¡¡Chocolate caliente!! Que los hermanos rancios te dieran chocolate, ahora lo sé, era toda una proeza. (Sí, soy producto de un cole religioso, por eso soy una niña de bien atea semi border line que aparezco un día con la cabeza rapada).
Los vasos y el chocolate caliente acababan pintando las paredes del patio, por eso sólo celebraban una fiesta.

Bueno, eso es mentira, también celebrábamos San Juan Bautista de La Salle, cantábamos una canción desafinando hasta los máximos y nos daban ¡un twister! aquel de dos colores. Y el patio quedaba rosa y verde, mucho más adecuado para aquellas fechas, el noséque de mayo.

Eso sí, cada año igual. Chocolate y fogasa o twister. Los religiosos son gente de tradiciones, de tradiciones antiguas. Arcaicas, diría yo. ¿Pan y chocolate? ¿Qué era aquello? ¿La guerra? Pues sí, era la guerra como alguien se te colase en la cola kilométrica que recorría todo el patio.

Y así he salido yo. De costumbres. Y me he tenido que comer mi fogasa con chocolate, aunque sean las once de la noche. He cambiado la fogasa por un cruasán industrial y el chocolate caliente por colacao (que le he tenido que robar a mi compañera, porque el colacao cuando quieres no tienes y cuando tienes no quieres, es así), un pequeño cambio por rebeldía, por lo del border line vamos.


Aún así, tengo mis dudas sobre la fecha en la que celebrábamos San Nicolás. Porque hoy es fiesta y no había cole. Pero el chocolate ha caído igual.

PD.: Creo que en San Nicolás era también cuando sorteaban un gallo. Un gallo vivo. Y lo tenías que coger, si te tocaba, mientras te picoteaba las manos. ¿Entendéis lo de las costumbres arcaicas ahora?